9.3.04

Enfado

Tengo ganas de llorar, un nudo en el pecho gordo como un puño. Quiero un milagro ya! gritar fuerte, que me dejen de arder los ojos, que mis hombros se aflojen, que la pierna pare de quejarse. Que ese ser terrible, abusador y maldito suelte mis deseos y los deje volver a mí. Quiero poder sacarme de encima toda esta mierda y ver nítidas las teclas. Quiero que me abrace alguien mientras lloro y saber que la verdad es mentira. Vomitar sangre, excremento, pegar patadas a un estómago duro hasta destrozarlo. OHHHH, que enfado tengo. Tengo enfadados los recuerdos, las horas, la infancia, la familia, el amor. Se me enfadaron hasta las pestañas. Te odio, me odio, odio todo lo que me rodea, a todos, a lo único que no odio es a los perros. Quiero reventarte los tímpanos, verte como te desangras, que me lleguen millones de cartas con tu perdón, que los actos heroicos me pertenezcan, que todo el romanticismo del mundo me sea dado. Matarte y morirme. Arrancarme de mí y olvidarme de todo, volver a empezar, terminar, acabarme, sincelarme, sincerarme. Quiero destruir todo lo que me duele, dejar de ser yo para volver a alguien, que no importe la luz, estar encendida, podrida, maniatada, manipulada, ayyyyyyyyy. Me está explotando el alma, se está escapando de mí, estoy muy cansada. Yo solo quería una vida, joder!!!
Voy a empezar de nuevo, cambiaré de profesión y solo querré ser madre y esposa, buscaré un buen muchacho con un trabajo estable en una bonita oficina con luces de neón, que todas las mañanas me pregunte que voy a cocinar para la cena y yo sonriendo le prepare su plato favorito. Voy tener conversaciones del tipo, mejor técnica de lavado de los sacos de dormir de la acampada de los niños. Me preocupará sobremanera el hambre en el mundo y resolveré mi angustia apuntándome en una ONG, las 1000 ptas al mes bastarán para apadrinar a un niño y a mi desazón. Voy a ser simple, normal, standard, hifi, soundsorround, stand by, coca cola es así, pal-b, u-matic, chiclets, un perfecto manual del usuario, tomaré pastillas para dormir y para levantarme; criaré una tripa decente a base de chocolate suizo, lavaré las cortinas a menudo y seré feliz, lisa y llanamente feliz.
Hoy no hay poesía, el BBVA me la ha embargado.
Estoy harrrrrrrrrrrrrrrta de no tener un duro.

8.3.04

En ocasiones me gustaría ser menos conciente,
menos inteligente.
Ir por la vida sin leer entre líneas
sin conocer/me tanto.
Estoy en condiciones sicológicas de realizar un análisis perfecto.
Mi alma, entretanto, no halla consuelo....

5.3.04

Hoy se ha acercado quien lejos estaba.
Nadie asegura que sea definitivo,
pero mis manos han despertado
y mis cejas relajaron sus desdichas.

Y de pronto...recuerdo cuanto más sencillo era todo contando contigo.

4.3.04

Los Traspiés de un ciempies

Había una vez un ciempiés que se llamaba Andrés, que el problema que tenía era que se caía cada dos por tres. Iba caminando Andrés y se enredaba en sus propios pies. Tantos moretones tenía que su cuerpo parecía una nuez y el lloraba y lloraba porque le dolían los pies. Un día, Andrés, cansado ya de los traspiés decidió no volver a caminar otra vez.
Cuando sus amigos se enteraron lo quisieron convencer que camine de una buena vez; pero ni Rómulo el tortugo, ni Margarita la perrita, ni siquiera el cascarudo Hugo lograron sacarlo a Andrés de su tozudez.
Hasta que un día llegó a la aldea el zapatero Leo que era un chico muy bueno y al enterarse del problema de Andrés, decidió arrojarse a sus pies y sin más ni más puso manos a la obra diciendo que había encontrado la solución al problema del ciempiés. Todos se pusieron muy contentos pero Leo les dijo que debían tener paciencia, porque le iba a llevar un mes.
Todos los días iba algún amigo de Andrés a ver las novedades para decírselas al ciempiés. Pero Leo los atajaba diciendo que aún no estaba listo, faltaba un mes. Cuando el mes se cumplió Leo llego con una bolsa muy grande, y ayudado por Dante su ayudante, a la casa del ciempiés y ante el asombro de Andrés empezó a sacar zapatitos atados con hilitos y a ponérselos en sus piecitos, resultó ser que Leo había hecho cincuenta zapatitos para cada lado ataditos con piolincitos entre sí y dos piolines más gruesos para los dos pies de adelante. De esta forma cuando Andrés se paró se ató cada hilo en la mano correspondiente al pie y cada vez que movía la mano derecha los cincuenta pies derechos caminaban y cada vez que movía la mano izquierda los cincuenta pies izquierdos avanzaban y así moviendo una y otra mano logró volver a caminar, solo quedaba saber como iba a lograr revolver o coser... pero ese es otro cuento y merece ser contado otra vez.

3.3.04

Lo reconozco.
Tengo rutinas y manías...
A veces soy un poco controladora.
Individualista?
También soy cabezota, mucho.
Me cuesta reconocer mis errores, es verdad.
Nunca cargo el movil hasta que se queda sin batería.
Tengo un ego grande como un edificio.

Sin embargo, cuando estás en mí no me importa deshacerme.
Lo he comprobado. No se muere de eso.

1.3.04

Qué aire puede dar, por mucho que se agite, una flor.
Silvina Ocampo